No es fácil. No lo hagamos más difícil.

En el momento económico actual, las cosas no son fáciles para nadie. El mercado es pequeño, los competidores aprietan, y la situación lleva ya tiempo siendo complicada.

Es momento de pararse a pensar, y hacer bien las cosas, poniendo sentido común y coherencia, y dejar de lado todo lo que no aporta valor a nuestros clientes, porque al final, lo único que queda es un negocio que se sostiene porque los clientes pagan por un producto o por un servicio.

El ego no hace negocios. Si nos empeñamos en querer rizar el rizo, probablemente lo único que sacaremos en limpio será un retraso en los proyectos, una gestión deficiente de los recursos humanos y probablemente una merma en el margen por culpa de la insatisfacción que vamos a generar a nuestros clientes.

Últimamente he estado en alguna reunión que parecía esta escena de los hermanos Marx. (He de decir que a veces yo estaba del lado del camarero, y otras veces me tocó estar dentro del camarote).

Centrémonos. Todo lo que se pretenda que sea escalable ha de ser sencillo por definición. El resto será muy artesanal, pero no sirve para crecer, y es mucho más caro de gestionar y de mantener.

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