La empresa como motor de cambio o como “máquina de impedir”

Ayer escuché una de las mejores expresiones profesionales de mi carrera: “esa empresa es una máquina de impedir” y la verdad es que me en ese entorno en el que lo escuché, lo entendí como la mejor explicación de las diferencias entre una startup y una gran corporación pública o privada.

En una startup, casi cualquier cosa que pueda parecer una oportunidad se estudia, se valora, y si parece viable se pone en marcha volando, por si acaso puede funcionar, mientras que en una empresa grande la definición de procesos, los procedimientos y los ciclos de autorización hacen que a cada idea que pudiera parecer brillante se la someta al escrutinio de todos los posibles departamentos implicados en la posible mejora, lo que además de multiplicar los tiempos y los costes, choca con las propias inercias del status quo y del “si funciona no lo arregles”.

Independientemente del tamaño, las empresas para poder competir hoy en día deben conseguir que las fricciones entre lo conocido y estable y lo que está por venir sean lo menores posibles. No vale de nada justificar que “siempre se ha hecho así”. Los competidores vienen de todas partes, y no traen mochilas de activos pasados, así que la manera de competir ha de ser que la empresa -sea del tamaño que sea- se comporte como motor del cambio y acepte que todo tiene que ser más escalable y más rápido.e43fcaf652ce2b958d0665bf7d7bec27

Como decía aquel anuncio de Nike que obligaron a retirar en unas olimpiadas “el segundo puesto es el primero de los perdedores“, así que, sobre todo para las empresas más grandes, con más que perder, no es opcional ser veloz, ser el primero y ser mejor. Al final será sólo una cuestión de supervivencia del que mejor se adapte, no del más fuerte.

2 pensamientos en “La empresa como motor de cambio o como “máquina de impedir”

  1. Max Weber decía que la burocracia es el modelo de organización más perfecto para optimizar esfuerzos. Quizás la cuestión es que no somos buenos en montar organizaciones; no que las organizaciones grandes sean malas.

    • Claro, pero es lo de siempre. ¿quién define bueno? ¿es bueno el que gana hoy dinero o el que sobrevive?. ¿Es bueno el que gana dinero o el que busca un bien superior?. En todo caso, la respuesta nunca es única, ni existen verdades absolutas. Lo que yo digo es que las empresas que quieran continuar en el mercado tendrán que ser flexibles y adaptables. Con esos mínimos podrán llegar a mantenerse. El resto está en vías de reducción de márgenes y de ahí a la extinción.

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