Como no sabían que era imposible, lo hicieron.

Hay dos frases que me encantan, una es “como no sabían que era imposible, lo hicieron“, y en contraposición, “a quien sólo tiene un martillo, todos sus problemas le parecerán clavos“, o su variante “quien sólo tiene un martillo cree que todos sus problemas se arreglan a martillazos“.

Buena parte de mi trabajo actual en consiste en preguntar a todo el mundo cual es la razón de que las cosas se hagan como inicialmente se hacían. ¿Cual es la razón por la que estamos convencidos de que un procedimiento, sólo por estar ahí es lo más acertado que podemos conseguir para nuestras necesidades actuales?. A mi me gusta pensar que si miramos con inocencia la razón que nos ha llevado a hacer las cosas de una u otra manera, a menudo descubriremos que sólo por “costumbre”, o porque “había que hacerlo así, sin más”, llegamos a conclusiones equivocadas.

En las empresas pequeñas normalmente esto se arregla en dos minutos. Se pone en contacto a las partes implicadas y se llega a un acuerdo rápidamente. En las empresas grandes, es una auténtica pesadilla.

En primer lugar, hay muchos que se sienten cómodos no planteándose las razones por las cuales las cosas se hacen de una u otra forma. En segundo lugar, buscar alternativas exige conocer de extremo a extremo las tareas a realizar, y muchos sólo quieren conocer en qué medida los procesos o procedimientos afectan a su parcela de trabajo, no al total, ni cómo eso impacta en la experiencia de los proveedores o los clientes.

A nosotros nos gusta más pensar “al revés”, y ver cómo serían las cosas si hoy las volviésemos a plantear desde cero. No siempre se puede, pero lo que está claro es que si no hacemos ese ejercicio, no hay forma humana de mejorar. Entre tanto, preferimos dejar el martillo en su cajón y pensar que nada es imposible. Así que lo siento, pero prefiero que no me digan que algo no se puede hacer.

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