Historias de éxito tras un fracaso

Me encantan las historias de éxito que vienen tras superar dificultades. Uno tras otro, la mayoría de los casos que conozco de personas con mucho éxito son un ejemplo de superación personal. Adversidades profesionales, personales, dificultades económicas, técnicas, fracasos sonados, e incluso limitaciones en la libertad no son más que un estímulo para aquellos que están dispuestos a perseverar.

El mundo nunca ha sido tan pequeño como es ahora. Las comunicaciones y las telecomunicaciones pliegan el planeta y hacen que cualquiera con una buena idea en casi cualquier rincón del mundo pueda llegar más lejos que nunca, en un plazo breve y sobre todo necesitando menos recursos de lo que solía ser necesario. Las grandes empresas sufren competencia en todas sus líneas de negocio, y luchan contra empresas más jóvenes, mucho más pequeñas y con menos dinero que las ya establecidas, pero estas suplen sus carencias con una velocidad de llegada a mercado mayor y sobre todo con el ansia que da no tener nada que perder. No tener que defender una base de clientes existente, sino competir por lo que otros tienen hace que el incentivo sea mucho mayor para la innovación y la velocidad, y facilita que los mercados se vean como algo global, un lugar en el que se puede conseguir tamaño en cualquier rincón del planeta y desde ahí apalancarse con el conocimiento que se va adquiriendo, manteniendo una estructura de costes mínima y siendo muy eficientes.

Así, surgen empresas como Waze, que han revolucionado la navegación GPS para particulares y que -sin tener ingresos- fue comprada por Google por 1.000MM$, o como Twitter, que tras años sin un modelo claro de ingresos, ha protagonizado una sonada salida a bolsa, con cientos de millones de usuarios como activo.

Por el camino siempre hay una constante: siempre aparecen los que dicen que no vales para eso. Que tus ideas son equivocadas y que nunca llegarás a nada. Que no se puede hacer así.

Una de mis historias favoritas es la de Sr John Gurdon, Premio Nobel por sus estudios sobre Biología que conserva enmarcada la nota de su profesor de Eton que decía que era “demasiado estúpido para la biología“. La nota no tiene desperdicio “no escucha e insiste en hacer las cosas a su manera. Dice que quiere ser científico pero basado en su desempeño es ridículo: si no puede aprender biología básica, dificilmente podrá hacer el trabajo de un especialista, y será una pérdida de tiempo tanto para él como para quien pretenda enseñarle”.

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Hay muchos más casos, y se resumen siempre en una palabra. Perseverancia. Sobre estas 13 letras hay una cita perfecta: “Nos gusta llamar testarudez a la perseverancia ajena pero le reservamos el nombre de perseverancia a nuestra testarudez”. Alphonse Karr (1808-1890), Escritor francés.

No se si mi caso es ser testarudo o perseverante, pero lo cierto es que desde muy joven me han dicho que ambas palabras marcan mi carácter. Insistir. Persistir. Corregir lo que no funciona, y no desfallecer en cada intento que no sale bien, sin perder el buen ánimo.

En mi caso, estoy empeñado en conseguir que una idea simple acabe desembocando en un buen negocio. Se llama www.todoauriculares.com y es una tienda online de auriculares en un mercado en el que todos los fabricantes me dicen que es imposible vivir sólo de vender auriculares. A mi me encanta la idea de hacer las cosas de forma diferente a los demás, y trabajo en ello desde hace algo más de tres años, tiempo en el que hemos conseguido algo más de 1.500 pedidos. De momento no se puede decir que se trate de un negocio rentable: no podríamos vivir del margen de este negocio, pero estamos convencidos de que más pronto que tarde tendremos tanto volumen que será un negocio rentable la venta de auriculares. Sobre todo porque los demás no le prestan la atención que mis socios y yo le ponemos a esta idea. Para casi todos esto es un complemento, no un fin.

Desde hace años hay un post it pegado en mi pantalla del ordenador que dice “Good Idea, good execution, good timing, perseverance and balls of steel will win”. A mi me sirve de motivación. ¿Y tú cómo lo haces?

Cómo poner en marcha grandes ideas mientras mantienes en marcha tu negocio

Hay diferentes formas de afrontar cualquier problema empresarial. Una de las decisiones más complicadas que hay que tomar cuando tienes un negocio en marcha es cómo evolucionarlo. ¿Hacemos un big bang y aparecemos con un producto o servicio completamente nuevo, como cuando aparece una versión nueva de un sistema operativo de Microsoft o Apple, o nos dedicamos sin demora a evolucionar, corregir, parchear y replantear todos los fallos de lo que está en marcha? -como también hacen ambas empresas.

La respuesta nunca es trivial. Normalmente no hay tiempo para parar la evolución de nuestra oferta hasta que todo está listo, así que los caminos suelen ser intermedios. Se definen pasos críticos que precisan cambios mayores, y se intenta arreglar todo lo que sea posible sobre la marcha, afectando lo mínimo imprescindible a la actividad. Eso es lo que se llaman metodologías ágiles. Se establecen reuniones frecuentes, desarrollos y correcciones constantes y se intenta minimizar los inconvenientes de cualquier evolución de nuestra oferta.

Se trata de un camino en el que normalmente tienen un papel crítico las empresas externas, que desembarcan con equipos de alto rendimiento a identificar las áreas de mejora, priorizar la corrección de los problemas más críticos, y habitualmente sirven para que todo el equipo de trabajo mantenga la calma sabiendo que un tercero es el responsable de recopilar, ordenar y procesar las tareas que van surgiendo de cada iteración.

La mejor manera que he encontrado de explicar cómo funcionan estos servicios de consultoría es este anuncio:

No creo que estas metodologías ágiles sean la mejor forma de proceder para cualquier negocio, no son un comodín que encaje en cualquier situación, pero cuando una empresa va teniendo un cierto tamaño, es verdad que si no se ejecutan así los proyectos, simplemente no se llegan a terminar jamás. Existen daños colaterales, pero probablemente sean mucho más baratos que hacer las cosas de otra forma.