Le llaman amor, pero era sexo. Algunas veces hay que cambiar de proveedor.

Desde el comienzo de las actividades de nuestra empresa siempre hemos defendido que mantener una buena relación con los proveedores es clave para el crecimiento de una startup. Creemos en ello, pero cuando alguien en quien depositas tu confianza no funciona, hay que tomar decisiones y hay que tomarlas rápido.

A nosotros nos ocurrió hace unos meses. Algunos de nuestros principales proveedores simplemente no estuvieron a la altura de lo que cabía esperar de una relación comercial de confianza. Podríamos decir que alguno no estuvo a la altura de lo que debería ser una simple relación comercial. La reiteración en las formas, llevó necesariamente a buscar alternativas.

En los tiempos que corren, con la que está cayendo, una empresa -sea nueva o consolidada- no puede permitirse el lujo de no contar con proveedores implicados en el desarrollo de su negocio. Si no aportan valor a la cadena, son prescindibles, no parte de la actividad.

No puedes depender de un banco que no está por la labor de facilitar la actividad (ni siquiera les pedíamos dinero, menos mal), ni de un proveedor que no se esfuerza en comprobar cómo está la competencia posicionada para actuar. En ambos casos, toca cambiar. Todavía es más interesante el caso de un proveedor que no sabe después de dos años de trabajo juntos que no necesitamos reunirnos físicamente con él para tratar “cuestiones importantes” (creemos que el teléfono, el correo y la videoconferencia existen desde hace tiempo). Si no nos conoces en este tiempo, seguramente ya no llegarás a conocernos.

Estamos convencidos de haber tomado las decisiones correctas, ahora sólo hace falta que el tiempo ponga a prueba a nuestros nuevos partners y comprobemos resultados.

Uno de mis socios dice que si sólo es sexo, se consigue incluso pagando. El amor no se compra.

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